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Viernes 04/Dic Viernes, 4 de Diciembre de 2020
Tiempo de lectura:
07:02 min.
02/Feb/2012
Emprendedor Sublime

Cómo superar las situaciones que pueden llevarte a la soledad.

Ser jefe está bien… o a lo mejor no tanto. Por regla general, cobra más dinero, toma las decisiones que quiere y no depende de nadie. Pero en el otro lado de la balanza el ejercicio del poder suele, generalmente, llevar implícita también la pesada carga de la soledad.
¿Qué hacer para evitarla?

1 Desconfianza.
Un buen jefe debe inspirar cierta confianza, pero también tiene que saber guardar muy bien determinadas distancias. Por eso, uno de los principales síntomas de la soledad del poder es la desconfianza que puede llegar a inspirar entre algunos empleados.
Consejo: Un requisito imprescindible es la necesidad de ganarte la confianza de la gente a tu cargo, para que los colaboradores tengan un compromiso real con lo que hacen. Sin embargo, existe un obstáculo a veces insalvable: la creencia extendida de que “un jefe nunca es un igual a los demás; los subordinados siempre marcan una distancia con el que toma las decisiones.
Por ejemplo, de una forma inconsciente pensamos que no se puede intimar mucho con quien tiene la decisión sobre nuestro
salario. Esto es inevitable, aunque no debemos dejar que la distancia entre el jefe y el empleado se haga excesiva.

2 Aislamiento.
Este es otro de los principales síntomas de la soledad inherente al poder. En el día a día se presentan muchas situaciones
fácilmente reconocibles. Ejemplo: -cuando convocas a una reunión y los empleados asistentes se sitúan alejados de ti o evitan
sentarse a tu lado.
-Cuando te encuentras con tus subordinados, en la máquina del café o en otras dependencias informales y se hace el silencio, cambian de conversación o directamente te dejan al margen.
Consejo: Los jefes deben intenter no aislarse de los empleados y, fundamentalmente, de su equipo más directo: “Si lo
haces, impedirás que éstos te conozcan y, en la práctica, nadie apoya con entusiasmo a quien no conoce”.
De todas formas, es cierto que muchos directivos puedan sentirse aislados en demasiadas ocasiones, pero
esto les pasa sólo a los malos directivos: “A aquellos que a lo largo de su actividad diaria se encargan de dejar bien patente
que el que manda en la empresa o en el departamento en cuestión es él”.

3 Sin amigos.
Algunas amistades se han roto cuando alguien promociona y se convierte en jefe de su amigo. Y otras, cuando uno se hace muy amigo del
jefe. ¿Es conveniente tener amigos en la empresa? Unos expertos afirman que normalmente el jefe no tiene amigos,incluso, apuntan que cuando hay feeling con una persona, con la que el directivo tiene una comunicación fluida, no tardan en tacharla.
Consejo: Debes conocer a tus empleados e interesarte por sus vidas y no esperar a que ellos se acerquen a ti, un directivo debe y necesita, como cualquier ser humano, tener amigos y sentirse querido y apreciado.
Sin embargo, es preferible que no estén en la propia empresa. Tomar decisiones es siempre emocional, pero es más racional cuanto
menos afectos entran en juego.
Es positivo tener buenas relaciones en la empresa, pero que la amistad, “si no es entre pares o iguales”,sea buena en la empresa.

4 El dilema de decidir sobre las personas.
Cuando los cambios afectan a las personas, es indudable que las decisiones se hacen más difíciles.
Un alto directivo y empresario le produce tanta soledad como el hecho de despedir a alguien con el que ha trabajado cierto tiempo. Aunque tengas razón, te sientes un miserable, una especie de verdugo.
Esta es la soledad auténtica.
Consejo: Si cualquier decisión de un directivo debe ser muy meditada, la que afecta directamente a una persona debe serlo más.
Los valores son lo más importante de una persona. Por eso, tu conducta debe responder a tus valores. Se recomienda que
hagas cada día un repaso mental sobre las decisiones adoptadas.
Consejo: antes de decidir, poseer la suficiente información que garantice que es la mejor alternativa.

5 Resistencia al cambio.
La incertidumbre ante los cambios hace que muchas personas prefieran que las cosas sigan igual en todo momento. Por eso, no son pocos los directivos que se encuentran demasiado solos cuando tienen que introducir cambios estructurales, organizativos o de cualquier otro tipo en el negocio.
Consejo: Es necesario escuchar, a todo el mundo y explicarles la necesidad y los beneficios de los cambios que se van a introducir.
La resistencia al cambio es un proceso consustancial al ser humano: Siempre que hay cambios, aunque sean positivos, provocarán resistencia, porque lo primero que se genera es cierta inseguridad.

6 Necesito desahogarme y no puedo.
Necesitamos desahogarnos en el trabajo de vez en cuando (algunos colaboradores creen que el jefe no tiene problemas personales).
A algunos directivos les resulta complicado mostrar su indignación o su agobio, porque entienden que desvelan sus puntos débiles y son vulnerables.
Consejo: No debemos ser prisioneros de la ira, la debilidad o la flaqueza. Se recomienda “no quejarse, y menos frente a los que depende de ti”.
Es conveniente rodearse de gente ‘positiva’, así como frecuentar círculos de personas con responsabilidades similares.
Todos necesitamos un escape,más necesario cuanta más presión se tiene. Cada directivo debe buscar un entretenimiento
que le permita olvidarse, de cuando en cuando, de sus preocupaciones.

7 El directivo que sabía demasiado.
La imposibilidad de compartir determinadas informaciones con otros empleados puede convertirse, en cierta medida, en una fuente
de incomprensión y, por tanto, de soledad. En ocasiones los miembros de un consejo de administración se preguntan
por qué el presidente ha tomado una decisión concreta cuando todos los informes y opiniones se manifestaban en contra. Posiblemente,
el presidente disponía de cierta información, que no conocían los demás miembros. A veces, el jefe se ve obligado a adoptar una
decisión basada en informaciones que sólo él, o muy poca gente, conoce.
Consejo: Antes de que tus colaboradores te hagan propuestas, es mejor procurar saber las soluciones a los posibles problemas que te puedan plantear. Se recomienda a los directivos huir de lo que se conoce como ‘parálisis por el análisis’: Porque intentar tener toda, absolutamente toda la información, es, además de ineficaz, imposible. Una de las cosas que beneficiaría a todos los directivos es entender mejor cómo se produce la toma de decisiones.

8 El jefe siempre es criticado.
Según los expertos, cuando se acierta en una decisión, o simplemente se hacen bien las cosas, “no es fácil recibir el reconocimiento de la
gente que diriges. Si lo haces bien, es lo normal e incluso el mérito es del equipo. Y si te equivocas, es tu problema, porque los demás,
se supone que hacen lo que les dices”.
Consejo: Los jefes deberían aceptar más la crítica constructiva, porque sólo de ella proviene la mejora. Muchos jefes suelen estar obsesionados con saber y controlar todo lo que pasa a su alrededor, y son los únicos que parecen estar en posesión de la verdad, de su verdad. Y cuando un colaborador les aporta algo o se atreve a corregirles, no oyen lo que les están contando, sino lo que ellos quieren oír.


9 El sentido del riesgo.
El liderazgo se consigue, fundamentalmente, con actitud y aprendizaje a través de la experiencia. Sin embargo, la experiencia profesional se cuaja con errores. Si no te equivocas nunca, es que no te arriesgas lo suficiente. Pero, en ocasiones, uno se siente muy sólo cuando arriesga demasiado.
Consejo: Es fácil decir que el error forma parte del éxito, porque inspira innovación, crea oportunidades y se puede aprender de él.
El directivo debe saber convivir con la soledad.
Para minimizar errores, los expertos aconsejan que cuando tomes decisiones difíciles, procura dormir bien la noche anterior y, para resolver
cualquier problema, obsérvalo desde lejos y solo. Las decisiones conservadoras, como su nombre indica, conservan,
y las que son un poco más arriesgadas, transforman y modifican el statu quo.

10 Estimular la iniciativa.
La creatividad y la iniciativa no siempre están a la orden del día. Cuando surge un imprevisto, algo que no está en el método a aplicar, “notas que todos te miran a ti y nadie habla, ni da ideas, a no ser que se la pidas directamente a alguien”. Esta falta de iniciativa suele ocurrir
porque se espera que sea el jefe el que aporte siempre las ideas y tome las decisiones.
Consejo: Se aconseja rodearse de un equipo autónomo en su trabajo y poco dependiente. Así, tendrán más capacidad de actuación y mayor iniciativa. Si queremos que nuestros colaboradores tengan iniciativa, debemos animarles a participar, buscar foros y tener procedimientos que les fomenten la proposición de ideas y, lo que es más importante, transigir con el error.
Fecha
02/Feb/2012
Etiquetas
jefe distancias aislamiento soledad confianza empleados
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